El intelecto encarcelado

Recientemente la asociación internacional de escritores Pen Club ha empezado a recoger firmas para pedir la liberación de escritores y periodistas chinos que han sido arrestados y encarcelados en su país, por expresar sus ideas o obras en las que según el criterio estatal , se encierran conceptos contrarios a la corriente de pensamiento del régimen establecido. El país asiático cuenta con graves antecedentes en este campo que se remontan al siglo 212.AC, cuando bajo el mandato de Qin Shi Huang, no solo fueron asesinados un gran número de académicos por las mismas razones, sino que muchos intelectuales fueron incluso enterrados vivos.

Desgraciadamente no se trata de un acto aislado, ni en el espacio ni en el tiempo. En occidente en 1559 la Santa Inquisición creó el “ Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o “Índice de libros prohibidos”, donde se recogen autores y libros que ponían en duda, contradecían o desacreditaban a la sagrada Biblia y a las doctrinas de la iglesia católica. Por fortuna la mayoría de esos autores han llegado hasta nuestros tiempos, y son sin duda autores de referencia entre los que figuran Descartes, Emile Zola, Hume , Stendhal y muchos otros, cuyas obras han enriquecido el conocimiento de la conciencia humana y han aportado valor añadido al entendimiento de la evolución histórica y social de nuestra cultura.
Avanzando en el tiempo, también en la segunda guerra mundial, los ejércitos de Hitler establecieron su propia censura, realizando la quema de libros más famosa de nuestra historia, torturando y fusilando a miles de intelectuales judíos por el uso y efecto de sus palabras.

En nuestro país, bajo el mandato de Franco, se produjo la misma situación, académicos o intelectuales fueron perseguidos y encarcelados por considerarse ofensivos, contrarios o desafiantes a la dictadura.
También en Sudamérica la historia se repite, en Argentina y especialmente en Chile; donde a finales de los años 80 el general Augusto Pinochet realizó quemas de libros de tiradas de más de 15.000 ejemplares.
Más cercanos nos quedan los sucesos que se han acontecido en está última década de nuestro tiempo, en el año 2002, en la controvertida guerra de Irak, también varios periodistas perdieron la vida, y en los años venideros se a ido destapando una siniestra trama de conspiración contra los medios de información que cubrieron el trágico evento. Otros dictadores como Fidel Castro se suman a la locura, en 2003, en Cuba, más de 35 escritores y periodistas fueron acusados de ser “agentes del enemigo americano” por criticar aspectos del régimen de castrista, siendo todos sentenciados a penas de cárcel de entre 14 y 27 años, lo que se conoce como la “primavera negra”.

Más extremo todavía es el caso de Salman Rushdie, conocido escritor británico de origen Indio, cuyo libro “Los versos satánicos” fue prohibido por todos los países musulmanes, y no solo la censura les pareció suficiente, sino que el líder religioso de Irán, el ayatollah Ruhollah Jomeini, incluso puso precio a su cabeza, como si de un criminal se tratara.

En todos estos casos los intelectuales han sido víctimas de acoso, tortura, persecución, encarcelamiento censura y muerte, injustamente, por el mero echo de ejercer su profesión, viéndose obligados a abandonar su trabajo o a exiliarse de sus países de origen. Su profesión, más noble que muchas, para la que se han preparado e instruido, y que como todas, cumple una importante función en el engranaje de este mundo a medida que nos hemos construido, se convierte en un crimen.

Estos actos atroces, demuestran que las palabras tienen mucho más poder del que inofensivamente parece cuando yacen serenan postradas en una página. Las letras bien encadenadas ofrecen a la gente la posibilidad de pensar y razonar, de cuestionar y opinar, de comprender y compartir y sobretodo de aprender. Gracias a la palabra escrita lo desconocido y lo pasado, aquello que no podremos jamás revivir, queda atrapado para permanecer. La palabra es el arma más punzante y más amable. La duda que albergo es, ¿Cuánta de ésta sabiduría, de esta historia capturada se ha quedado por el camino?. ¿Cuántas grandes ideas se habrán esfumado entre el humo de las quemas? ¿Cuántas habrán abandonado la existencia, sin llegar a ver la luz, en las mentes iluminadas de los intelectuales arrebatados de su vida? Seguramente, entre ellas, algunas piezas del gran puzzle de la humanidad se habrán perdido para siempre.

Lo triste e increíble, es que ahora, en nuestro tiempo, en pleno s.XXI esto siga sucediendo. A pesar de la gran evolución de los medios y el desarrollo de la era de la información, donde los canales y las voces se han multiplicado llegando a casi todos los rincones, la censura y la opresión parecen resistirse a desaparecer. La suerte sin duda, es que la tecnología se ha desarrollado hasta limites antaño insospechados, y la información fluye cada vez más libre y por vías mucho más amplias, como la world wide web. Sin embargo los más ambiciosos no se rinden, el gobierno chino por ejemplo, emplea a 30.000 funcionarios, para supervisar la información que corre por la red. Es difícil de creer que no exista necesidad de esos 30.000 puestos en otras áreas sociales que podrían hacer mucho bien en vez de perder el tiempo buscando fisuras que dañen su utópico estado totalitario unido.

Lo que sucede hoy, es que los sistemas establecidos, y los grupos de control se sienten cada vez más amenazados, y al verse en peligro suben la guardia y contraatacan. Los estratos de poder se niegan a perder su influencia, a sacrificar su planes y no dejaran que los demás seamos libres, porque nuestra pequeña libertad, ahoga sus grandes egos.
¿Cómo se explica sino, que existiendo organismos internacionales destinados a defender los derechos e intereses de los seres humanos sin distinciones, sigan prevaleciendo leyes y acciones aberrantes como las que se he citado, en más de 40 países? .
Sara Whyatt y Joan Smith, del Internacional PEN Club constatan que tras el 11-S se multiplicaron por 7 los casos de escritores perseguidos y encarcelados y que el número de países que aplica leyes de control contra la libertad de expresión aumentó en 15 más. Y ahora, a los pocos meses de los juegos olímpicos, el país anfitrión elegido por el resto, establece una ley concreta entre marzo y septiembre de 2008 que estipula “fortalecer el control de las actividades de periodistas extranjeros durante las Olimpiadas” y “fortalecer el control de internet y de los mensajes de texto a móviles”, y se permite así sin más. Aunque éstos juegos olímpicos han desatado una gran polémica, principalmente por otros avergonzantes actos de la política China, concretamente, sus aciones en Tibet; desafortunadamente la protesta no es suficiente. Nunca un país tan desconsiderado con la humanidad debería haber sido premiado por los demás, siendo nombrado sede olímpica. Esto confirma, y es lo más aterrador, que nadie se atreve a plantarle cara a este país opresivo y descarado del que dependen las economías más importantes a nivel mundial. Teniendo en cuenta que para la UE, China es uno de sus principales socios comerciales y que EEUU tiene establecida una importante dependencia financiera con China que va en aumento, hasta el punto de que Washington a decidido quitarla de su “lista negra” de derechos humanos, ¿quién va a arriesgarse enfrentándose a la asiática potencia mundial?. Como ha sucedido siempre, los poderosos no se quieren arriesgar, y han de ser los héroes cotidianos, quienes con sus humildes palabras arriesgan su vida para intentar cambiar las injusticias que corroen nuestro mundo. Asociaciones como el Pen Club han puesto mucho de su parte para denunciar e intentar cambiar esta situación, pero me evoca cierto sentimiento de resignación el saber que existe incluso un día oficial, el 1 de Octubre, para los Escritores Encarcelados ¿hay esperanza para frenar esta amputación de la sabiduría, la cultura y la libertad de expresión sin hipocresías?. Yo tengo entendido que el mundo es bastante grande para todos. Desde mi cómoda posición en un país libre, con libre acceso a la cultura y a la información, me siento impotente ante la situación; y frustrada ante la raza humana, más bien ante aquellos que la degradan a un estrato que no conozco palabra para denominar. Por ello comparto mi indignación para reivindicar, yo que puedo, que las palabras no deben tener miedo de ser escritas ni escuchadas. No caigamos en la tan antigua política del terror que nos nubla y nos asusta y que ahora nos priva de uno de los bienes más preciados, que es la literatura en todas sus formas.

Rebeca Arnal

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