Wall.e

Una vez más los estudios de animación Pixar nos sorprenden con una caracterización impresionante de Wall.E, un personaje que sin duda dejará huella.
El guionista y director de la película, Andrew Stanton, (guionista también de Bichos o Buscando a Nemo) ha apostado esta vez por una historia más crítica con la raza humana, describiendo un desolador panorama para nuestro futuro. La tierra ha sido invadida por la basura y todos los humanos han sido evacuados a un espectacular crucero espacial, de más de 5 años, donde ya han olvidando como era la vida antiguamente; rodeados de todas las posibles comodidades, asistidos por los más desarrollados robots. Wall.E, solo en nuestro planeta, sigue las instrucciones para las que fue programado: recoger y almacenar la basura para limpiar el globo terráqueo.

Los elementos claves, para hacer de ésta una enternecedora y divertida historia, no fallan; personajes muy trabajados, entornos espectaculares, ternura, acción y mucho humor.

Más romántica en su visión, en la estética y en el tratamiento de la imagen que las anteriores producciones de Pixar, Wall.E realmente consigue traspasar la pantalla. Los 30 primeros minutos transcurren sin diálogo, pero la imagen es tan sugestiva y cuidada hasta el último detalle, que no se echa de menos. Consigue sumergirte en el desolador pero cotidiano mundo del pequeño Wall.E y su amiga cucaracha. La casa de Wall.E a pesar de encontrarse entre la basura, resulta un fascinante escenario recreado con gran imaginación y lleno de recuerdos que a todos nos hacen volver al vista atrás, a través de insignificantes objetos que marcaron una época.

La película está llena de simbolismos y referencias a clásicas obras como 2001 Odisea en el Espacio o Cortocircuito.

A mi gusto el personaje de Wall.E es uno de los mejores de los últimos tiempos, que hoy en día podría bien relevar al emblemático E.T, con el que en cierta medida guarda un parecido físico.

Sin embargo, el hermético personaje femenino, Eva, una robot totalmente basada en la estética de Apple, aunque también se le coge cariño, y está bien trazado y construido, no resulta tan estremecedor. Supongo que al final, las cosas antiguas, las más vividas y ajadas, aunque sean un robot, siempre acaban despertando más emoción que las nuevas y perfectas; esta es por ejemplo, una de las muchas reflexiones que la película le puede a uno suscitar.

Sin duda vale la pena verla en el cine, para disfrutar de todos los detalles y ver el cortometraje que precede al film, en este caso Presto, una divertidísima puesta en escena con un mago y su conejo de protagonistas.

Rebeca.

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